350 años de historia

Introducción : Una fundación única en el Nuevo Mundo

Ville-Marie, pequeña colonia de asentamiento que llegaría a ser Montreal, nació del deseo de llevar la fe cristiana a los pueblos autóctonos de la Nueva Francia. Desde el 1611, los Jesuitas habían empezado su trabajo misionero en lo que es hoy Canadá; los informes que redactaron sobre su ministerio no tardaron en difundirse en Francia y a provocar unas reacciones generosas, sobre todo en sus ex-alumnos. Tales, por ejemplo, Jérôme Le Royer de la Dauversière, esposo y padre de familia, que había fundado ya en La Flèche, su ciudad natal, una comunidad de religiosas hospitalarias, y Jean-Jacques Olier de Verneuil, joven sacerdote secular; los dos reunieron a un grupo de sacerdotes y de laicos, hombres y mujeres, célibes y casados, nobles, burgueses y artesanos, para formar la Sociedad de Nuestra Señora de Montreal, Estas personas estimaban que si sus antepasados habían recibido la fe cristiana de misioneros que fueron hasta el norte de Europa al principio de la era cristiana, les correspondía a ellos ahora compartir esta fe con los pueblos autóctonos de América. Para llegar a eso, concibieron y financiaron el establecimiento de una colonia de asentamiento que formaría una comunidad cristiana modelo. El sitio retenido para el proyecto era la Isla de Montreal, en el confluente del San Lorenzo y del río de los Outaouais. Se reclutó a colonos y se nombró a dos responsables : Paul de Chomedey de Maisonneuve, un joven soldado, y a Jeanne Mance, tesorera de la expedición, que tenía como mandato de abrir un hospital. A pesar de las muchas dificultades, una cuarentena de personas procedieron a la fundación de Ville-Marie, a mediados de mayo del 1642.