Desde su nacimiento, la Congregación mantuvo siempre el contacto con sus antiguas alumnas. Aún en esa lejana época, las hermanas no sólo conservaban el contacto informal con ellas, si no que también organizaban reuniones destinadas a mujeres jóvenes y mujeres mayores, los domingos a la mañana. Con el tiempo, se ponen en marcha diversos grupos como el de la Congrégation de Notre-Dame-de-la-Victoire y la Œuvre des tabernacles.
En el primer cuarto del Siglo XIX, diversos grupos conformados por antiguas alumnas se incorporan a las escuelas de la Congregación en Bourbonnais, Kankakee, New York, Staten Island, Saint-Louis de Kent, Ottawa, Sherbrooke, Sainte-Thérèse y, en Montreal, al Pensionado Sainte-Catherine, a la Villa Maria y a la Escuela Normal Jacques-Cartier. En 1929, se creó una federación de antiguas alumnas de los conventos católicos de Canadá, que contó con la aprobación de los obispos y la bendición papal. Las « amistosas » o asociaciones de las escuelas de la Congregación, adoptaron el nombre genérico de « Notre-Dame », agregando al mismo algo que las identificaba. Se regían por una constitución y por reglas comunes. Cada año, sus delegadas participaban en la asamblea que se llevaba a cabo en la Casa madre, el sábado anterior a la Fiesta de la Ascensión.
Estas asociaciones, conformaban círculos de estudio, organizaban encuentros sociales entre sus miembros, y destinaban sus recursos al servicio de las obras de caridad y de los movimientos de acción católica. En 1935, la Asociación de los conventos católicos, se convirtió en la Federación diocesana de amistosas de conventos: sus miembros recibían las directivas de sus diferentes diócesis.
